Portada Introducción Aventura Ritos y costumbres Supervivencia Bitácora Vídeos Noticias
Asturias Mundial

Bitácora
Diario de Elisabeth Valls Klein
1 de Noviembre de 1975


 

Embarcamos en el puerto de Barcelona en un buque turco: Antonio, Iván, Rafael, Ahmed, Margarita, Phillip, Jannet, Thorton (el perro) y yo misma, junto con los dos camiones Mercedes Unimogs, su remolque y una moto, destino Egipto. Llegamos después de una larga travesía de 3 días al puerto de Alejandría, donde desembarcamos los camiones, encontrándonos con este problema: nuestros carnets de pasaje no estaban en orden, por lo que no nos permitían sacar los camiones de la zona de aduanas.

Alquilamos una casita en Alejandría, mientras salía en un vuelo hacia Alemania para resolver el problema burocrático, a los pocos días estaba de vuelta, pudiendo por fin sacar los camiones del recinto del puerto.

 

Estuvimos en Alejandría cerca de un mes. Siendo una estancia complicada de adaptación ya que todos teníamos ganas de salir hacia el desierto para comenzar a rodar tierra adentro.

 

Se producen tensiones... Rafael está raro... Yo diría que deprimido, Ahmed también... desilusionado, no entiende  el árabe que se habla en Egipto. Margarita, no hace más que pensar en su amor: Miguel Ríos. Iván es el que se lo pasa mejor, ha hecho amigos y se pasa el día en la calle jugando con ellos. Tengo que estar vigilante de que no lo rapten, pues es un niño muy bonito...

 

20 de diciembre 1975

 

Hoy 20 de diciembre por fin salimos de Alejandría dirección el Cairo. A primera hora de la tarde, hicimos un alto  en la carretera, divisamos a lo lejos con ayuda de los prismáticos un mágico oasis rodeado de palmeras en el centro de una gran depresión desértica. Quedamos tan entusiasmados con la visión, que sin dudarlo decidimos acercarnos con la intención de acampar para pasar la noche cerca del agua.

 

A medida que descendíamos hacia la planicie por un camino de tierra, no entendíamos por qué, tan bello lugar se encontraba ausente de seres humanos. No tardamos en averiguarlo y de la forma mas alarmante.

 

Una vez que alcanzamos la orilla, se desplegaba ante nosotros una bifurcación de dos estrechos caminos. Antonio conducía rápido y feliz con sus auriculares escuchando temas de Pink Floyd. En la bifurcación vimos a un árabe, repentinamente me invadió  un pánico visceral... No podía explicarme el por qué, pero me abalancé sobre Antonio, agarrándolo de los hombros y gritándole que parara, que preguntara al árabe por dónde debíamos seguir. Antonio paró la marcha gritándome furioso que diantre me pasaba, finalmente le preguntamos al árabe y nos dio a entender que la zona al borde de los caminos era blanda, recomendándonos que cogiéramos el camino de la izquierda y así lo hicimos, mas no circulamos mas de 400 metros cuando de improviso la tierra cedió bajo las ruedas y el camión sé hundió de costado hasta el chasis que quedó apoyado sobre el camino.

 

Antonio sacó unos mapas militares de los que disponíamos y pudimos averiguar dónde nos encontrábamos. Nos habíamos metido en terreno falso, bajo ese desierto se ventilaba una depresión marina con una profundidad de 50 metros. La superficie sólida era solo de unos dos metros de tierra, arena y sal.

 

Nada tiene realmente sentido, hace apenas un año, por estas mismas fechas, viajábamos en el Ocean Spirit, fantástico barco, presto a luchar contra los más feroces mares y se destrozó contra algo tan sólido como la tierra. Hoy este poderoso camión, capaz de desafiar las pendientes más vertiginosas y los terrenos más agrestes, por muy poco, se pierde en las profundidades de un lago subterráneo.

 

Vaciamos el camión de toda su carga y acampamos esa noche bajo un cielo iluminado por una enorme luna llena. Fue una noche mágica, se acercaron algunos habitantes de un pueblo cercano y junto con ellos compartimos la cena y las pipas de agua con ese tabaco (tumbak) de sabor a miel.

 

Fue esa noche cuando comprendí la razón de mi pánico cuando bajábamos velozmente hacia la planicie. Unos tres meses antes de emprender el viaje, tuve un sueño, en el que el Unimog grande se precipitaba en arenas movedizas y se hundía pudiendo todos nosotros salvarnos saliendo por la apertura del techo del camión.

 

Antonio reconoció, que si no le hubiera hecho parar, no habría cogido ninguno de los dos caminitos, si no que hubiera tirado de frente por el medio del desierto. El sueño se habría materializado, pero esta vez no creo que hubiéramos podido salvarnos nadie.

 

Lo que realmente fue digno de ver, fué como Antonio con la ayuda de Philip, consiguió levantar palmo a palmo 12 toneladas de la arena y sacar a flote sin causar ningún desperfecto el camión con su remolque a tierra firme.

 

Y así, con el corazón contento y el espíritu algo perturbado proseguimos nuestra marcha hacia las grandes pirámides de Giza.


1 comentario
#1 romera
10/07/2012 18:45

jo que aventura mas hermosa, como la vida te vuelve mas humano y mas magico, recordandonos que somos unicos y especiales.me gustara seguir leyendo esta maravillosa aventura de vivir.

Introduce tu nombre o apodo:
Introduce el texto de tu comentario:
Caracteres restantes: 
1000

Introduce el código que se muestra en la imagen:
captcha

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.




nubaexperience.com. Todos los derechos reservados.
Diseño: esarte & codevent